Así fue la Berrea del Ciervo de 2017

Fuimos 24  participantes y 3 guías. La tarde quedó despejada, con buena temperatura y sin viento. Eran buenas noticias. Tras una introducción sobre el desarrollo de la actividad y los cuidados ambientales que íbamos a mantener (no aproximación a los animales, reducción de vehículos, residuos 0…) entramos de lleno en materia

Explicamos, sentados en las gradas de La Posada del Candil qué era la Sierra de Filabres y cómo había llegado a ser así. Naturaleza y Culturas: una historia ecológica de las Plantas, Rocas, Animales, Personas…

Entonces salimos en dirección al despoblado de Las Menas, primera parada de interpretación. El máximo exponente del uso humano del entorno en esta sierra. Antiguo complejo minero, sus abandonadas instalaciones y su huella ecológica pasada.

Vuelta a los coches y continuamos ruta hasta para al lado de uno de los árboles centenarios de esta sierra, testigo de los bosque que fueron. El Pino del Collado de las Cabañas.

Tercera parada. La aldea abandonada de Los Carrascos. ¿Quiénes vivieron allí? En lo alto de un espolón rocoso un grupito de ruinas mira el barranco de la Orapla. Cumbres y bosques. Silencio y cielo.

Por fin llegamos a nuestro destino. La Loma del Escondite. Mientras parte del staff de La Posada del Candil se quedaba preparando el catering, los participantes y yo nos dirigimos hacia un  mirador natural en el extremo de un cortafuegos. En unos 30 minutos llegamos. El sol se ponía. No hacia aire. Las rocas estaban aún templadas. Nos sentamos en silencio y a escuchar. Desde esta altitud a unos 1.900 m, se ve desde arriba las campas de los antiguos cortijos hoy rodeados de espesos pinares. Con unos prismáticos conseguimos distinguir algún macho y varias hembras. Sin viento se oía claramente la berrea de los machos. Ya eran los últimos días.

Vuelta a la zona de la cena. Tortilla de patatas ecológica, carne guisada con fritá del huerto y por supuestos embutidos de Serón. Vino eco y refrescos. Un agradable rato de charla y a cenar a la luz de las velas y las linternas.

Tras la cena, mientras parte del equipo de La Posada del Candil recogía el catering, los demás nos aproximamos sin linternas y en silencio por la pista que nos lleva hacia Los Sapos a un pequeño claro. Nos sentamos y vuelta a escuchar. A la luz clara de la media luna. Poco a poco el sonido de la berrea se fue haciendo más sonoro.

Pero había que volver. De nuevo en los coches regresamos hacia La Posada del Candil. Chocolate con bizcocho casero nos esperaban. Charla de nuevo con la sensación de habernos traído un poco de esa sierra con nosotr@s. ¿O ya estaba y solo lo hemos despertado?

Ha sido un viaje de ida y vuelta. Desde la superficie al origen. Feliz retorno, visitantes.

 

Javier Morterero. Coordinador Experiencias Candil.

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