Jornadas micológicas 25 y 26 de Noviembre 2017

He estado aguardando hasta hoy para comprobar sobre el terreno cuando podrían celebrarse las JORNADAS MICOLÓGICAS de este otoño. Ya ha llovido más que el otoño pasado. Es verdad que no han sido lluvias generalizadas ni copiosas, pero ha llovido en esta cara Norte de Los Filabres. “Han caído algunas nubes” como se suele decir en el Valle del Almanzora. La última “nube” tocó las laderas altas de esta Sierra por encima de los 890m.

Hoy, tras servir los desayunos, guiado por un compañero del equipo de la Posada del Candil, nacido y criado entre estas alturas, hemos subido a las zonas de bosques de pinos ródenos o resineros.  El día es soleado y con buena temperatura. Hemos localizado dos zonas diferentes que tienen en común el frescor  del terreno. Buena orientación: abrigada y soleada.

Le dicen a esta parte de la sierra Peña Bermeja y el Collado de la Cueva del Perdio. Entre los pinos asoman algunos chopos y frutales abandonados, cerezos, manzanos… de los antiguos poblados que aquí existieron. Ya han empezado a amarillear o a enrojecer muchas de estas hojas. Ya van cubriendo el suelo y dan esas pinceladas de color a los suelos pardos de pinochas.

Toco la tierra debajo de la espesa capa de hojas y pinochas. Está fresco, huele a humedad. “La pinocha blanquea”, en algunos sitios ya como dicen en el terreno. El micelio de muchas setas está desarrollándose. Ahora dependerá de que las temperaturas no bajen de golpe de forma continuada y de que quizás alguna que otra “nube” se deje caer por este territorio.

Al comenzar a andar, el terreno nos pareció adecuado y en buenas condiciones, pero no encontrábamos setas. Al poco que nos internamos en el bosque, tímidamente descubrimos esas pequeñas setas que crecen sobre las piñas.

Estaban sanas y frescas. Poco después encontramos entre la hojarasca otros grupitos de setas, aun pequeñas de las que llaman en esta sierra Pata de Perdiz. Nos animamos. No eran muchas pero son un buen indicador de las futuras que saldrán. Cambiamos de emplazamiento y nos adentramos en un una pequeña depresión del terreno a mayor altitud. Chopos boleanos y más pinos  resineros. Ya había señales de alguna búsqueda irresponsable hecha con rastrillos.

Pero seguimos y al final con enorme alegría encontramos en una ladera cuatro níscalos. Una enorme alegría. En un paraje boscoso y fresco, donde aún oímos esta mañana la berrea de los venados, encontramos estos “robellones”. Nuevos, recién salidos, frescos, olorosos. Apenas un puñado de níscalos tempraneros, hijos de las lluvias que a principios de septiembre regaron estos montes. Muy buena señal. Queda esperar las setas que saldrán de las lluvias del miércoles pasado.

 

Volvimos a la Posada del Candil con esa sensación de bienestar que te deja el haber paseado entre los árboles y las hojas secas, haber sentido el frescor de la tierra en tus manos, el olor a tierra húmeda y… el haber visto esas primeras setas de temporada.

Esta será para ti y para los tuyos,  una experiencia inolvidable.

Javier Morterero.

Equipo Posada del Candil.

Coordinador Experiencias Candil.

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