Experiencias Candil

Las cuatro estaciones de Leo


cuatro estaciones

Leo tenía 5 años la primera vez que vio la nieve. Fue recién entrado el invierno, en Navidad. Aquella Nochevieja fue de postal. Con la nieve luminosa y bien cuajada a la puerta de La Posada. Leo se pasó casi toda la mañana jugando en el exterior de Bolonor, el apartamento donde se alojaba su familia. Así sus padres podían controlarlo desde la terraza. Hizo muñecos de nieve, lanzó bolas blancas a todo el que pasaba cerca y estampó angelitos moviendo en zigzag sus brazos y piernas por casi toda la finca. Pensábamos que iba a enfermar pero no había manera de que se metiera bajo techo. Cuando por fin lo hizo, el fuego de la chimenea y un tazón de leche con miel fueron la única medicina que necesitó para entrar en calor.

El día de Año Nuevo la nieve había perdido algo de interés para Leo. Se pasó gran parte de la jornada persiguiendo a Asterix, Laurel y Perejil, los gatos de la posada. Como socializaba con cualquiera, al atardecer se acercó a Ángel, un valenciano aficionado a la astrología que frecuenta La Posada desde hace años. Siempre nos cuenta que Los Filabres es uno de los mejores puntos de la Península para contemplar las estrellas y le fascina la limpieza de este cielo donde no hay contaminación lumínica ni ambiental.

En esa ocasión apenas pudo disfrutar de la soledad contemplativa a la que estaba acostumbrado porque no paró de contestar las preguntas de Leo. Sin embargo su sonrisa delataba que disfrutaba explicando al niño el funcionamiento de los telescopios que había colocado por nuestro patio. Leo aprendió aquella noche a orientarse por la posición de la Estrella Polar y el nombre y ubicación de las principales constelaciones. Tanto disfrutó Leo con la sesión que escribió una segunda carta a los Reyes Magos pidiendo un telescopio. A día de hoy sigue siendo su principal hobby y cuando viene a La Posada del Candil comparte con todo el que quiere escucharle los nuevos conocimientos que va adquiriendo sobre astronomía.

De setas y senderos

La siguiente visita de Leo y familia coincidió con el otoño. Su decepción inicial por no encontrar nieve se disipó en cuanto empezaron las jornadas micológicas. En un par de días ya era todo un experto en recolectar e identificar setas. Al menos se le daba bien con los níscalos y las setas de pie azul, con el resto tomaba cierta distancia desconfiada.

En los talleres de la Posada del Candil Leo también aprendió a alargar la vida de las frutas haciendo mermeladas mientras sus padres ponían más interés en cómo elaborar licores. Aunque la experiencia Candil que más le gusta a Leo desde que cumplió los 8 años es el senderismo. Ha perdido la cuenta de los kilómetros que ha caminado cada primavera por las rutas cercanas a Serón y por la Sierra de los Filabres. Lo que no olvida son las salidas más memorables, que para él son las que permitieron ver algún animal. Ciervos, jabalíes, cabras montesas, infinidad de aves y mariposas… todos le fascinan.

Un mes de julio, en la Feria del Jamón de Serón, descubrió, sin que nadie se lo dijera, que un bocata de jamón es mucho mejor para la merienda que un bollo industrial. Cuando el pan y el jamón son buenos, no hay rival…

Fue también en verano la primera vez que Leo se separó una semana entera de sus padres. Vivió intensamente nuestros English Summer Camp. En esa ocasión nos sorprendió él a nosotros por su enorme capacidad para los idiomas y por sus dotes de socialización y liderazgo. Es cierto que todo el conocimiento que atesoraba de sus visitas anteriores a La Posada le daban un protagonismo involuntario, pero Leo mostró en todo momento una generosidad y humildad que le facilitaron ganarse a todo el grupo desde el primer día.

Cuando la cuarentena acabe

Y te contamos todo esto porque hoy hemos intercambiado algunos mails con sus padres, que tuvieron que cancelar sus vacaciones de Semana Santa en Serón. Nos cuentan que Leo, que ya tiene 12 años, está triste y les pregunta cuándo podrán volver a visitar La Posada del Candil y si en septiembre podrán disfrutar de la berrea del ciervo.

Ellos le han prometido que será pronto y nos lo transmiten con estas palabras: “Cuando la cuarentena acabe todos vamos a buscar un sitio para disfrutar horas y horas al aire libre, con suficiente espacio para mantener 30 veces la distancia social necesaria, con el aire limpio puro y con muchas horas de sol para cargarnos de vitamina D. Ese sitio es La Posada del Candil, que además tiene lo que más nos apetece en estos momentos a los padres, que estamos hartos de cocinar a diario: el restaurante y su gastroconciencia”.

Nos emociona recordar gracias a estas palabras el fuerte vínculo que hay entre la Posada y sus visitantes habituales. Nos da muchos ánimos en estos días de incertidumbre. Estamos deseando veros y achucharos.



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